La vigencia del grito betancino: Los Diez Mandamientos de los Hombres Libres en el Puerto Rico contemporáneo

Por Movimiento Ñin Negrón

En noviembre de 1867, exiliado en la isla de Saint Thomas, Ramón Emeterio Betances escribió un texto histórico: los Diez Mandamientos de los Hombres Libres. Esa proclama recogía el sentir de dignidad de un pueblo asfixiado por el coloniaje español. Un año después, ese mismo manifiesto se convirtió en la hoja de ruta del Grito de Lares de 1868, el momento que selló para siempre nuestra identidad como nación y entrelazó la lucha por la independencia con la justicia social.

Ha pasado más de un siglo y medio, pero las palabras de Betances siguen vigentes. Sus reclamos políticos y sociales siguen retumbando con fuerza en el Puerto Rico de hoy.

El reclamo del Padre de la Patria iba mucho más allá de plantear un choque frontal contra España; era una defensa profunda de los derechos humanos más elementales. Exigió la libertad de expresión y de prensa, el derecho a reunirse, la protección de la ciudadanía frente a los abusos y el poder de elegir a nuestros propios gobernantes sentaba las bases de una democracia de verdad. Además, al exigir la abolición de la esclavitud y el libre comercio, apuntaba directo a romper con el sistema de explotación económica.

La realidad boricua en pleno siglo XXI nos demuestra que esa lucha por la independencia y la plenitud de derechos todavía no ha terminado. Cambiamos de dueño —del imperio español al control del régimen de los Estados Unidos—, pero el choque de fondo sigue siendo el mismo: la subordinación colonial frente a nuestro derecho a ser independientes y soberanos.

Cuando Betances hablaba del «derecho de elegir a nuestras autoridades» y de «votar todas las contribuciones», estaba retratando, sin saberlo, nuestra realidad actual. El control impuesto sobre el país, ejemplificado en la Junta de Control Fiscal bajo la Ley PROMESA, nos recuerda a diario por qué la exigencia de independencia sigue más viva que nunca.

Los derechos de reunión y libertad de expresión que defendió Betances se siguen ejerciendo en la calle. Desde la marcha del Verano del 19 hasta las protestas constantes por la educación pública, los recursos naturales, ambiente, desplazamiento, las pensiones y un servicio de luz digno, el pueblo demuestra que ese espíritu de lucha sigue metido en el ADN del puertorriqueño.

La esclavitud se abolió en 1873, pero la desigualdad, la pobreza y el desplazamiento han tomado otras formas. La emigración masiva, la gentrificación, nos recuerdan que la promesa de Betances con los sectores más vulnerables sigue siendo una deuda pendiente.

Los Diez Mandamientos de los Hombres Libres no son una pieza de museo; son un mapa para el Puerto Rico del presente. Betances nos dejó claro que la libertad no se le suplica al poder colonial ni al gobierno de turno: se lucha, se ejerce con dignidad. Mientras sigamos viviendo bajo la sombra del coloniaje, la proclama de nuestro Betances seguirá siendo la brújula para construir una patria libre, justa y para nuestra gente.


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