
Varios sectores (incluyendo unos pocos independentistas) en Puerto Rico, organizaciones e individuos, presentan e impulsan la libre asociación como una forma de descolonización de Puerto Rico. Argumentan que, como cuestión táctica y aglutinadora, es necesario apoyar a quienes creen en la «soberanía.»
José Escoda nos plantea la limitación del uso de la palabra soberanía en el contexto colonial cuando afirmó: “La lucha en Puerto Rico no es por la soberanía, es por la Independencia Nacional. Y aunque ambas palabras deberían significar lo mismo… en la política y contexto colonial NO son lo mismo. Y como para muestra un botón basta, comparto este ejemplo: (Hace varios años el ex-gobernador del ELA, Acevedo Vilá, dijo algo casi literal así: que él tenía claro qué es soberanía… ‘Lo que el pueblo decide en las elecciones’… por lo tanto, el ELA era soberano)…»
No dudamos de las buenas intenciones de los compañeros que presentan esta narrativa, pero para nosotros son incomprensibles tres aspectos ausentes en su propuesta que presentan una contradicción con los principios de justicia, dignidad y libertad que son pilares para concretar una nación boricua integrada al mundo.
El primer aspecto es el funcionamiento procesal de esta propuesta. Se quiere instrumentalizar con un proceso que viola el derecho internacional, fuera de la Resolución 1514 (XV) que cobija a Puerto Rico en las Naciones Unidas. Además, obvia los impactos de más de 600 años de colonialismo en nuestra nación, y no da espacio para una transferencia y un periodo razonable en el ejercicio de los poderes políticos usurpados a nuestro pueblo, antes de proceder instantáneamente a renunciar a la soberanía y delegarla en un tratado de libre asociación. Este proceso hace invisible los impactos del colonialismo en las dimensiones del existir puertorriqueño. ¿Puede realmente un proceso de autodeterminación ser concretado bajo las instituciones y el contexto colonial, sin ejercer esa soberanía a la que se quiere renunciar?
El próximo aspecto que se obvia es la historia de este imperio con los arreglos de libre asociación. Una lectura a los escritos de la Doctora Deborah Santana-Berman sobre los procesos de negociación de pactos de libre asociación con pueblos del Pacífico ilumina lo peligroso de dichos procesos. En su publicación Soberanía en la libre asociación, ¿mito o realidad?, afirmó:
“Cuando discutimos la “libre asociación” como una opción “soberanista” de estatus para Puerto Rico, conviene estudiar la experiencia de Micronesia. Las tres “repúblicas asociadas”– Islas Marshall (RMI), Estados Federados de Micronesia (FSM) y Palau – firmaron pactos de “libre asociación” con los EEUU durante los 80 y 90… Durante 25 años de negociaciones EEUU recurrió a sobornos económicos, promesas contradictorias y hasta sospechosas muertes de líderes independentistas; también se aprovechó de las divisiones internas para lograr un estatus que mantendría los territorios «dentro del encuadre político estadounidense.» Washington no quiso aceptar ningún estatus que pudiera poner en peligro sus bases militares, su control de las tierras y mares ni futuros arreglos. En 1975 EE UU logró un acuerdo separado con Islas Marianas del Norte, usando un plebiscito local apurado y fuertemente controlado, para establecer un ELA parecido al de Puerto Rico. Entonces, los demás grupos de islas firmaron «pactos de libre asociación»: RMI y FSM en 1986 y Palau en 1994. (Palau se tardó porqué su constitución prohibió la presencia de armas nucleares. EEUU le obligó a realizar seis plebiscitos hasta que logró suficientes votos para eliminar esa cláusula.) Según los pactos los ciudadanos de las tres repúblicas asociadas son “nacionales” de los EEUU sin ciudadanía estadounidense. Mientras las tres reclaman el derecho unilateral de cambiar los pactos (incluyendo declarar la independencia), EEUU insiste que nada cambiará sin acuerdo mutuo. La fuente mayor de ingresos son los “pagos del pacto” con que EEUU controla gran parte de la política doméstica. Además, el estatus todavía está “en issue.” Por ejemplo, los beneficiarios de los pagos abogan por un ELA o por la estadidad, mientras los grupos que luchan contra las prácticas militares quieren la independencia. En todos los casos se quejan por la falta de soberanía. ¿Y qué dice la comunidad internacional? Aunque los pactos de libre asociación incumplieron con las normas establecidas, las tres fueron ingresadas como miembros de la ONU, y son consideradas como votos seguros para Washington.”
Claramente es una contradicción lograr una libre asociación con una nación que solo tiene como prioridad sus intereses geopolíticos y los antepone a cualquier principio moral, a pesar de la propaganda que irradian continuamente. ¿Los compañeros que proponen en Puerto Rico la libre asociación desconocen estas historias? ¿Les interesa?
Por último, levantamos la siguiente pregunta: ¿Por qué promover y justificar una libre asociación con una nación supremacista e imperialista, dirigida por criminales de guerra? ¿No contradice los principios de solidaridad, dignidad y libertad a los que aspiramos los boricuas y los compañeros que luchamos por la Independencia Nacional?
¿Por qué una libre asociación con una nación que proclamó en su declaración de independencia que «todos los hombres son creados iguales» y que poseen derechos inalienables, incluyendo «la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad», mientras las 500,000 personas esclavizadas en las Trece Colonias (350,000 en el Sur y 100,000 en el Norte) ni se enteraron de que poseían tales derechos?
¿Por qué una libre asociación con una nación que lanzó dos bombas nucleares en Hiroshima y Nagasaki, donde asesinaron a 140,000 seres humanos en Hiroshima y 74,000 en Nagasaki, la mayoría ciudadanos no combatientes?
¿Por qué una libre asociación con una nación que ha propulsado a lo largo de la historia de Nuestra América a dictadores y gobiernos despóticos que se alinearon con sus políticas de despojo y control de recursos naturales: Trujillo, Pinochet, Videla, Somoza, Duvalier?
¿Por qué una libre asociación con una nación que financió golpes de estado, la operación Cóndor —donde miles de hermanos de los países del cono sur fueron desaparecidos y asesinados— y creó la Escuela de las Américas, donde se enseñaron técnicas de tortura y represión utilizadas contra los pueblos de Nuestra América?
¿Por qué una libre asociación con una nación que es propulsora y cómplice del genocidio que se perpetra contra el pueblo palestino?
¿Por qué una libre asociación con una nación que ha sometido y acosado militar y económicamente, con un bloqueo global, a la República de Cuba, y que hoy quiere asfixiar a ese pueblo por tener la valentía de forjar su propio camino de libertad?
¿Por qué una libre asociación con una nación que ataca a pueblos libres y soberanos, arrogándose el derecho de ordenar por la fuerza la forma de gobernar y conducir sus economías, con el único objetivo de controlar los recursos naturales para beneficiar a sus corporaciones?
¿Por qué una libre asociación con una nación que le roba al pueblo de Venezuela $150,000 millones de activos petroleros y al menos $30,000 millones en cuentas internacionales debido a las sanciones impuestas unilateralmente?
¿Por qué una libre asociación con una nación que nos invadió y ha ocupado ilegalmente desde 1898; que implementó una política de esterilización donde, sin consentimiento, esterilizaron entre el 33% y 35% de las mujeres puertorriqueñas en edad fértil; que experimentó en nuestros bosques con agentes defoliantes como el agente Naranja para usar en Vietnam, contaminando ríos, aguas subterráneas y suelos; y que, según el análisis del Dr. José Israel Alameda Lozada en su investigación “The Socioeconomic Cost of Colonialism in Puerto Rico: 1898 to the Present”, acumuló un costo total del colonialismo estadounidense en Puerto Rico (entre 1900 y 2017) de más de $6.1 billones de dólares? Para entender la magnitud, el costo de la colonia es casi 82 veces mayor que la deuda financiera de $74,000 millones.
Es incomprensible que, ante el récord de destrucción y violencia de esta nación, quienes aspiramos a la reivindicación de nuestro pueblo guiados por la solidaridad y el respeto a los seres humanos, propongamos aliarnos con la nación más retrógrada y violenta que ha existido en los tiempos modernos. Eso no se puede entender. Claramente se aplica el dicho de que “el camino al infierno está colmado de buenas intenciones”.
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