Por Bautista Pérez
«La confianza de los inocentes es la herramienta más útil del mentiroso».
En el año 2016, el gobierno de los Estados Unidos se inventó uno de los embustes más grandes y efectivos contra Puerto Rico. Vamos a hablar claro: los administradores coloniales de aquí —sí, el P-PD y el P-NP—, siguiendo las políticas económicas que les mandaban de allá, llevaron al país a la quiebra. Los dos, tanto los de Washington como los de San Juan, nos hundieron.

¿Y qué hizo el gobierno de allá? En vez de ayudarnos, armó un plan para asegurar que sus bonistas (los suyos, no los de aquí) se ganaran una millonada a costa nuestra. Para eso crearon un monstruo llamado la Junta de Control Fiscal. Y al pueblo de Puerto Rico —tratándonos de inocentes, por no decir otra cosa— nos metieron el cuento de que la Junta venía a «salvar nuestro crédito» y a traer una «bonanza económica» nunca antes vista. ¡Tremendo paquete!
El Plan: En la cara nos la hicieron
Primero: Nos dijeron que la deuda era de 72,000 millones de dólares (escondiendo que ese boquete era el resultado de los negocios turbios e inversiones locas del PNP y el PPD) y que ellos la iban a cortar a la mitad. Pero para lograrlo, venían con la guillotina: había que recortar los gastos del gobierno y pagarle a los bonistas extranjeros. Eso lo hicieron con saña. Nos quitaron las pensiones, cerraron escuelas, machetearon los derechos laborales, y mientras nos clavaban, nos decían sonrientes: «Tranquilos, nos vamos en seis años y después todo será peaches and cream».
Segundo: ¿Cómo demonios le iban a pagar a los bonistas no asegurados? Aquí viene la explicación técnica, pero quédate conmigo, para que entiendas como fue la trampa.
En el mundo de las finanzas hay dos tipos de bonos:
- Bonos Asegurados (Con garantía): Tienen un colateral. Si la entidad quiebra, el inversionista se queda con un edificio, un avión o un terreno, lo vende y recupera su dinero. Van primero en la fila.
- Bonos No Asegurados (A lo loco): No tienen ninguna garantía física. Se compran basados puramente en la palabra y la reputación de quien los vende. Si el emisor quiebra, estos inversionistas se fastidiaron; van al final de la fila a ver si sobran las migajas. Como se la están jugando fría, estos bonos pagan más intereses.
En el caso de Puerto Rico, los bonos coloniales de COFINA eran NO ASEGURADOS. Es decir, el que los compró sabía el riesgo que corría. Si el gobierno quebraba, mala suerte, se quedaron sin nada. No había ninguna obligación legal de pagarle a esos inversionistas extranjeros.
La jugada maestra de Wall Street
Aquí fue donde el régimen americano se la sacó de la manga. Le dijeron a los bonistas: «Demanden al gobierno de Puerto Rico, pero en el Tribunal Federal Colonial que nosotros mismos controlamos». Y para rematar, trajeron a una jueza de allá, Taylor Swain, que vino lista, como una auténtica gatillera de Wall Street.
¿Qué hizo esta señora? Con un plumazo decidió que los bonos de COFINA pasaban mágicamente de ser «No Asegurados» a Asegurados. En cristiano: obligó a Puerto Rico a pagarles a esos bonistas buitres. Y la cosa no se quedó ahí; esos inversionistas habían comprado los bonos a precio de quemazón (bien baratos), pero la jueza determinó que había que pagarles una millonada, mucho más de lo que invirtieron originalmente.
¿Cómo te clavan esto a ti y a tu familia?
Tú dirás: «Bueno, ¿y a mí qué más me da?». Mira cómo te toca el bolsillo:
La deuda original de COFINA era de $17,600 millones. La Junta celebró con bombos y platillos que la bajaron a $11,969 millones en el acuerdo. Lo que no te dijeron fue la letra pequeña: amarraron el IVU que tú pagas todos los días por un periodo de 40 años, hasta el 2058.
Al final de esos 40 años, entre el principal y los intereses, el pueblo de Puerto Rico —o sea, tú, tus hijos y tus nietos— terminará pagando $32,300 millones de dólares. ¡En vez de 17 mil, vamos a pagar 32 mil millones! Cada año, los primeros $420 millones (que luego suben hasta $1,000 millones) de lo que se recauda del IVU no van para salud, ni para carreteras, ni para la universidad; van directo a los bolsillos de los bonistas.
¿Quién nos defendió?
Hay que aclarar algo: mientras a la mayoría del pueblo lo cogieron con promesas falsas, hubo gente que se paró de frente y cantó la verdad sobre esta gran estafa. Hay que dar los nombres para saber quién es quién: todas las organizaciones independentistas y varios sindicatos serios le dijeron la verdad al país. Advirtieron, con lujo de detalles, el robo que nos iban a hacer en la cara.
Esa es la verdadera historia del régimen estadounidense y su Junta de Control Fiscal. La pregunta que nos queda por hacernos hoy es bien simple: ¿Hasta cuándo vamos a seguir siendo los inocentes que se dejan engañar?
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