Por Carlos R. Alicea Negrón
“El colonialismo, cuando se ve acorralado por la insurrección, intenta maniobrar. Ofrece concesiones, autonomía, reformas. Si las masas no poseen una conciencia política desarrollada antes de la independencia, se dejarán seducir por estas migajas. Solo una ideología revolucionaria sólida permite al combatiente comprender que el colonialismo no se reforma, se destruye.» — Frantz Fanon, Los condenados de la tierra

Dentro de la lucha que sectores de nuestro pueblo boricua han asumido como compromiso inquebrantable de amor y constancia, siempre emergen sillas que tientan el andar a la consagración de la independencia nacional. Esta es la única forma de poder acabar con el violento y brutal régimen colonial impuesto desde la invasión de 1898 y su consecuente ocupación ilegal, resultado de dicho acto de guerra, que se ha multiplicado al perpetrarse acciones de violencia guerrerista en todas las dimensiones de la existencia de los puertorriqueños y puertorriqueñas: a) en la economía, b) en la cultura, c) en el ambiente-ecología, d) en la salud física, emocional y espiritual de nuestra gente.
Y a pesar de esa implacable violencia colonial; a pesar de los experimentos en nuestros territorios y en nuestra gente; a pesar de los violentos intentos de hacer desaparecer nuestra identidad cultural-social; a pesar del inmenso saqueo de la riqueza generada por nuestros trabajadores y trabajadoras; a pesar de la abierta alianza traidora de muchos boricuas, los serviles criados y cómplices de la imposición de la colonia; a pesar de todo ello, este pueblo todavía lucha, resiste, camina, construye y levanta, desde la hermosa diversidad de sus comunidades, proyectos de liberación que se anteponen al colonialismo y su degradante cultura terrorista.
Ahora, en ese andar creador y liberador, es fundamental que desde la reflexión práctica aquellos sectores que toman conciencia de la gesta de acabar con el colonialismo en Puerto Rico evaluemos los caminos andados, transformemos las acciones que lo necesiten, y compartamos desde la integridad las victorias alcanzadas en esta lucha vital para nuestra humanidad. Hay entonces que deslindar que hay unas narrativas que tienen que ser desmitificadas y eliminadas de los lenguajes que usamos. Por ejemplo, el argumento de que la colonia no funciona.
La colonia sí está funcionando muy bien para los invasores, para los criminales de guerra y sus instituciones de dominio y explotación económica, social, política, militar y cultural. No hay quiebra para las instituciones financieras-bancarias de los EUA ni para las gubernamentales relacionadas con la producción bélica disfrazada de «ejercicios policiales-judiciales». No hay quiebra para todas aquellas instituciones capitalistas y gubernamentales de los invasores que explotan, contaminan y destruyen los ecosistemas de la nación que invadieron y ocupan ilegalmente desde 1898.
La mal llamada quiebra es el último subterfugio para saquear a nuestra nación y reafirmar el control y la supeditación de todas las dimensiones de la existencia de nuestro pueblo. Reafirma muy bien la falsa narrativa de nuestra incapacidad para dirigir y administrar nuestro país, soslayando que sus lacayos —los colonialistas que les permiten ejercer y simular que administran— son tolerados y alentados al pillaje y a la corrupción porque la verdad es que no hay poderes políticos fundamentales en la colonia.
La guerra continúa desde 1898. No ha parado, con una economía destruida, supeditada y diseñada para la explotación. Su naturaleza extractivista se implementó desde la invasión, porque así lo requieren las estructuras de dominación de los EUA sobre Puerto Rico. Las 936 fueron una fase más de esa economía de enclave extractivista, como lo fueron primero las plantaciones cañeras y luego la fallida industria petroquímica, por dar algunos ejemplos. Todo esto se combinó con los intentos de genocidio contra el pueblo utilizando la mentira de la sobrepoblación de Puerto Rico y la pequeña extensión geográfica del archipiélago borincano, cuyos dos ejemplos más contundentes fueron la campaña de esterilización de las mujeres boricuas y el exilio forzado de miles de compatriotas, principalmente a los EUA (hay una dimensión poco estudiada de las migraciones forzadas a las naciones de Nuestra América).
Lo que vemos son las consecuencias de lo bien que trabaja el colonialismo, que tiene inherentemente la insoslayable necesidad de condenar a la desaparición y a la opresión económica, política y social de nuestra gente trabajadora: su empobrecimiento, su desplazamiento y el robo de la riqueza humana y ambiental-ecológica. El funcionamiento de la colonia y las consecuencias de condenar a nuestro pueblo a la pobreza siempre han estado ahí, aunque a lo largo de esta imposición se hayan creado espejismos de bonanza económica. Cuando se analizan detenidamente, se puede ver que fueron superficiales, que agravaron las condiciones de desigualdad, que siempre favorecieron a corporaciones extranjeras en menoscabo de la economía de Puerto Rico y solidificaron que la economía de nuestra nación esté supeditada a la estadounidense. No es accidente entonces que se fuguen del país un promedio de 30 mil a 40 mil millones de dólares hacia los EUA anualmente, sin que esta inmensa cantidad de riqueza tenga impacto alguno en la economía local.
Otra narrativa que se escucha continuamente es la que confunde al Estado Libre Asociado (ELA) como un modelo económico, que no lo es. El ELA fue una medida jurídica y política diseñada para mentir a la comunidad internacional sobre la condición colonial de Puerto Rico. Se utilizó para manipular la opinión pública sosteniendo la mentira de que se le habían delegado a Puerto Rico los poderes para gobernarse a sí mismo. Por ello se remueve al país de la lista de territorios no autónomos, eximiendo a los EEUU de su responsabilidad.
El modelo económico de extracción de riqueza, robo de los recursos naturales y de la riqueza generada por el trabajador, la explotación de la misma y el monopolio en los renglones fundamentales de supervivencia, preceden por muchos años la creación del ELA. Se dan sus inicios desde la misma invasión, y su ejemplo más claro de brutal explotación es la ley aprobada por el gobierno militar que devaluó la moneda que se usaba en Puerto Rico frente al dólar estadounidense en un 40%. Esto representó que de un plumazo los boricuas perdieron el 40% de su riqueza.
El ELA ha hecho bien su trabajo; lo que está en problemas es el modelo económico y su capacidad de garantizar la extracción de la riqueza que generamos los trabajadores. Hay que estar claros: deshacernos del ELA no significa necesariamente cambiar el modelo económico. Este defiende sus pilares fundamentales: a) creación de mecanismos para generar riqueza y flujo de capital fuera de nuestra nación; b) inversión por invitación foránea; c) endeudamiento público y privado; ch) dependencia a la importación de las necesidades básicas de alimentación del pueblo; e) programas de exenciones contributivas para el 1% extranjero y local. Los EEUU, en su búsqueda de perpetuar la extracción de la riqueza generada por el pueblo trabajador, están dispuestos a sustituir el ELA, siempre y cuando el modelo económico más que centenario siga en su lugar.
Por ello es fundamental que desarrollemos narrativas radicales ( que vayan a la raíz) que iluminen la naturaleza de las acciones que avancen la Independencia Nacional, que es la única manera de ejercer plenamente los poderes políticos necesarios para construir la nación justa y digna que nos merecemos.
Esa narrativa debe incluir las siguientes afirmaciones y guías:
- A. La deuda es ilegal, ilegítima y odiosa. Por ello no hay que auditar: esa deuda es del capital, es del imperio.
- B. Colonialismo es Racismo. Imperialismo es explotación, invasión, ocupación y gentrificación.
- C. Hay que enfrentar el colonialismo corporativo ogeneista.
- D. La independencia se alcanzará logrando una masa crítica de boricuas que vean, crean, defiendan y exijan la independencia como la única manera de crear una sociedad justa y digna para todas y todos.
- E. Sea cual sea la táctica de lucha que usted utilice para avanzar la independencia y mover a nuestros hermanos que no creen en ella, esta tarea requiere trabajo colectivo y nunca esconder la meta de la independencia.
- F. Hay que tener como principio vital que las luchas son colectivas. Como nos dijo Galeano: “La comunidad, el modo comunitario de producción y de la vida, es la más remota tradición de las Américas, la más americana de todas: pero también pertenecen a los tiempos que vienen y presiente un nuevo Nuevo Mundo.”
- G. En una colonia, la responsabilidad de todo independentista debe ser luchar por la independencia; las alianzas no deben ser utilizadas como excusa para esconderla.
- H. El trabajo internacional debe ser reevaluado de manera que se construya y fortalezca sobre la reciprocidad y conexión con las luchas del pueblo aquí en el Archipiélago Borincano, y en los pueblos a los que pedimos solidaridad.
- I. El Movimiento de Liberación Nacional debe exigir, en una acción colectiva, que se restaure el asiento de Observador de Puerto Rico en las Naciones Unidas y que se presente el caso colonial ante la Asamblea General de la ONU.
- J. El trabajo en coordinación y solidaridad con nuestra comunidad en el exilio es necesario y fundamental.
- K. La Independencia es la única manera de alcanzar una nación con profunda justicia social, económica y política, y a eso lo llamamos anti- capitalista o socialismo.
- L. Es necesario que se construyan y fortalezcan los lazos de trabajo con los boricuas que defienden la independencia en el exilio, no sólo en los EEUU sino en el mundo. También, la narrativa común debe ser el mensaje unitario que llevemos a nuestros aliados en Nuestra América y en el resto del mundo.
La descolonización es independencia. Seremos libres, pero hay que propagar con claridad la visión de lucha y liberación con la que estamos comprometidos. Por ello es necesario que avancemos en la construcción de un Frente Nacional Por la Independencia Nacional, desarrollando en la práctica acciones de lucha y utilizando una narrativa común que se propague constantemente. Puntos que expresan con claridad y precisión la urgencia de la Independencia Nacional como la única solución.
Así, el Movimiento Liberación Nacional debe asumir con claridad y radicalidad su responsabilidad histórica de luchar con militancia y valentía por la Independencia nacional. Guiados por la luz, luchas y sacrificios de los que nos antecedieron, tenemos que sacudirnos de las insidiosas narrativas coloniales para alcanzar la Independencia Nacional y sumarnos al proyecto de Integración, primeramente Caribeña y luego Continental en Nuestra América.
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