Por Carlos Rafael Alicea Negrón
“¿Por qué los estadistas no redactan inmediatamente una
resolución pidiendo el ingreso de Puerto Rico en la Federación,
si los ampara la Constitución estadounidense y la ciudadanía? Los
partidarios de la estadidad no se atreven a pedirla ante el
Congreso porque saben que les daría con las columnas del capitolio
en la cabeza.”
«La anexión, en todo caso, es la consumación del colonialismo, la desaparición de nuestro ser
nacional, la destrucción de nuestra patria». [1]
Pedro Albizu Campos, 1930.
Este próximo 27 de julio en nuestra nación invadida e ilegalmente ocupada por el imperio
estadounidense, se conmemora el natalicio de José Celso Barbosa. Barbosa se considera el padre del movimiento anexionista en Puerto Rico. Rehusamos usar el eufemismo de la “estadidad”, porque esta palabra, esconde, hace invisible la verdadera naturaleza de la acción de la anexión como resultado de un acto de guerra, que está proscrita por el derecho internacional. Y es que con su clara sabiduría e inteligencia nos advertía Pedro Albixzu Campos: “»La debatida frase ‘soberanía dentro de la soberanía’
nos dicen unos que quiere decir el ‘estado’ federal y otros que quiere decir estado libre
asociado… No es ni estado ni libre y no puede haber sociedad alguna posible entre el amo y
el esclavo».

A José Celso Barbosa lo llaman “Prócer” y en ese acto se inflige la violencia cognitiva y narrativa que sostiene la imposición de una mentalidad colonial que degrada, distorsiona la verdad histórica y natural de un pueblo. Y es que un «prócer» es una construcción social historiográfica, ligada intrínsecamente a la soberanía, la autodeterminación y la liberación nacional de un pueblo. Bajo ninguna concepción histórica una persona que promueve la anexión, ya sea forzada, por mecanismos dizque democráticos (en una colonia no hay democracia alguna por definición); mediante subterfugios participativos fuera del derecho internacional, bajo una ocupación ilegal, resultando que esa anexión como resultado de una
acción de guerra y un crimen de lesa humanidad, puede ser un prócer.
Otra dimensión de esta reflexión es Celso Barbosa, un negro, fomentaba la anexión en los
momentos en que se linchaban a los negros en los EEUU. Si él u otro negro puertorriqueño
allá en la nación que nos invadió, existía la posibilidad de que si era señalado como negro,
podría ser linchado. Esa es, aún hoy, la naturaleza supremacista blanca-racista de la nación
gringa. Es el mismo lugar que desata una ola de ataques sistemáticos de asesinatos, por
medio de las instituciones de «»ley y orden» contra negros, latinos, puelbos originarios, para
defender los privilegios sociales económicos de los sectores blancos y ricos de esa
sociedad. Un país que degrada, persigue, encarcela y asesina a los que no son blancos, a
los que no conforman los parámetros de su jerarquía blanca. El mismo lugar que hoy
persigue, mata, injuria a los inmigrantes que han explotado desmedidamente desde siempre
y luego los botan como bagazo, despreciando la larga historia de explotación económica y
represión política y cultural a los que los han sometido.
Siempre que pienso en esto nunca he podido entender como ante esa realidad que vivió
Celso Barbosa y que hoy viven los boricuas puedan aspirar a ser parte de una nación
imperialista y agresora, liderada por criminales de guerra. Una nación cuyas fuerzas
invasoras y guerreristas invaden, genocidas, torturan, bombardean, contaminan, masacran a
otras naciones en el mundo. ¿Por qué el empeño de arropar nuestra nación con la
sangre de gentes que no nos han hecho nada? ¿Por qué asumir esa atroz responsabilidad? Por eso
pregunto, ¿cual es el fin de unirse a una nación retrógrada, guerristas, racista y genocida?
Por eso afirmo, quien promueve y patrocina esa barbaridad no es prócer, es
cómplice.
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