Por Carlos Rafael Alicea Negrón

Puerto Rico, nuestra nación, invadida e ilegalmente ocupada desde 1898, se le impone una madeja de leyes ambientales. Estas administradas por una docena de agencias estadounidenses, de las cuales se destacan prominentemente, Agencia de Protección Ambiental (EPA, por sus siglas en inglés), el cuerpo de ingenieros de los EUA, y Pesca Y Vida Silvestre, para mencionar las más que continuamente se escuchan.
Estamos ante una nueva ola de la continua ofensiva de acaparamiento y destrucción de los recursos ecológicos-ambientales, implementada por el neoliberalismo colonial. Algunos sectores invocan la intervención directa de las agencias estadounidenses, “para hacer lo que hay que hacer para proteger el ambiente.”
Esta afirmación, es una variación más del síndrome de “que nos haríamos sin los federales”, que es uno de los pilares de la narrativa colonial que busca fomentar la idea de que “ya que el boricua es incapaz de hacer nada bien, es necesario y fundamental que los federales nos salven, porque ellos sí saben. Esta idea colonialista es la que irradia los llamados de intervención de los “federales”, que falla en entender, la raíz del colonialismo. Aquí los poderes fundamentales en cada aspecto de política pública en general y ambiental en específico, son determinados, evaluados, promovidos y permitidos por las instituciones estadounidenses ambientales. Estas determinan las acciones fundamentales y vitales con relación a la protección ambiental en nuestra nación. Las legislaciones ambientales son aprobadas por el Congreso estadounidense y cualquier legislación en Puerto Rico, para guardar las apariencias de la mentira del gobierno propio, está sujeta a la aprobación del Congreso estadounidense.
Hay que añadir que todas las legislaciones ambientales, están diseñadas y montadas sobre visiones e intereses ajenos a la realidad de nuestra nación. En la mayoría de las instancias estas legislaciones ambientales, perjudican a las comunidades y a los ecosistemas puertorriqueños. Se nos obliga que se implementen en nuestra nación, con pena de no asignar fondos a las agencias encargadas.
Ahora hay otra dimensión de las agencias federales que han sido verdaderamente perpetradores de negligencia ambiental o de crímenes ambientales en nuestra nación. Ahora es necesario entender también la naturaleza inherente a las leyes federales ambientales en los EUA. En su ensayo a 40 años del Día de la Tierra, Brian Tokar comparte el contexto en el que surge la ola de legislación ambiental en el imperio en los 70’s:
«El origen de esas leyes ambientales de la década de 1970 también tiene una historia de fondo poco apreciada. A lo largo de la década de 1960, la gente respondía con horror a los efectos cada vez más visibles del smog, los derrames de petróleo, la contaminación por pesticidas y otros ataques ambientales. Las ciudades y los estados respondieron implementando sus propios programas, a veces de gran alcance, de monitoreo y aplicación de la ley ambiental.
Las demandas ambientales creativas establecieron precedentes importantes e imprevistos, extendiendo el derecho de los ciudadanos a demandar para proteger los valores ecológicos y promoviendo la revisión judicial de las acciones de las agencias gubernamentales. Esto resultó costoso para las empresas, y los intereses corporativos comenzaron a ver la intervención federal como una posible solución. «La élite de la dirigencia empresarial”, informó la revista Fortune en vísperas del Día de la Tierra en 1970, “desea firmemente que el gobierno federal intervenga, establezca los estándares, regule todas las actividades relacionadas con el medio ambiente y ayude a financiar el trabajo con incentivos fiscales”.
Lejos de interferir con las prerrogativas empresariales, la regulación ambiental por parte del gobierno federal se convirtió en una forma de calmar las preocupaciones públicas al tiempo que ofrecía a las corporaciones estadounidenses un menú de normas ambientales uniformes y predecibles.
Las leyes aprobadas tras el Día de la Tierra ayudaron a financiar proyectos de obras públicas esenciales, como la construcción de plantas de tratamiento de aguas residuales, y ofrecieron protección para la salud pública y la biodiversidad, convirtieron en rutina y estandarizaron la concesión de permisos para la mayoría de las instalaciones industriales. Lo más importante es que las normas federales a menudo impedían que los estados y las localidades aplicaran normas más estrictas que las promocionadas a nivel nacional; este principio básico de la prelación federal ha vuelto a aparecer en el debate actual del Congreso sobre la legislación climática”.
Así que dentro del capitalismo estadounidense existe una dinámica de pitcher y cátcher entre las corporaciones y las agencias encargadas de “implementar” las leyes de protección del ambiente. Inherentemente la legislación ambiental está supeditada a minimizar el impacto de la implementación de dichas leyes en los procesos de acumulación de capital a quienes le aplican las mismas.
En Puerto Rico, las agencias federales han cumplido también otre función, de ser gendarmes y perpetradores de por inacción generalmente y por pura acción adrede de variados crímenes ecológicos en nuestra nación. ¿Dónde estaban las agencias ambientales federales cuando el gobierno estadounidense a nombre de la ciencia, experimentaron con el agente naranja y con radicación en los bosques del Yunque?
¿Dónde estaban las agencias ambientales federales cuando la AES quema carbón y deposita y depositó toneladas de cenizas tóxicas en comunidades y vertederos en nuestra nación boricua? ¿Dónde estaban las agencias ambientales federales cuando las farmacéuticas, crean decenas de desperdicios y derrames de químicos tóxicos que van a parar a los valiosos recursos de agua subterránea en nuestra nación, en específico en la región Kárstica? ¿Dónde estaban las agencias ambientales federales cuando la marina de guerra, la misma que nos invadió y bombardeó, destruía, contaminaba y mataba los sistemas ecológicos y nuestra gente hermana de Vieques y Culebra? ¿Dónde estaban las agencias ambientales federales cuando ellas mismas perpetran crímenes ambientales continuos y constantes, porque no nos llamemos a engaño, El Cuerpo de Ingenieros de los EUA, otro brazo del ejército invasor, es el mayor perpetrador de la destrucción de los ecosistemas ribereños, estuarinos y de terrenos anegados en Puerto Rico, ¿por su obtusa visión de canalización de nuestros ríos?
¿Cómo es posible que se pregone que quien va a salvar La Parguera es la misma institución militar que lleva más de 40 años mirando hacia el lado mientras se destruía constantemente esa región?
Hay que hablar claro, las agencias estadounidenses del ambiente en Puerto Rico son agentes del imperialismo-colonialismo estadounidense, y responden a los intereses económicos-políticos que beneficien a los EUA no a nuestra nación. Por el contrario, ha sido la diversa y rica y militante historia de luchas comunitarias las que han servido de zapata indoblegable para enfrentar no solo a las agencias ambientales extranjeras y sus facsímiles razonables las que han defendido cada espacio ecológico ambiental en Puerto Rico. Han sido las comunidades las que han asumido colectivamente la obligación de defenderse ante los impactos dañinos de las actividades económicas que tilda de desarrollo, pero que no lo son porque destruyen a la salud física, espiritual, mental, emocional de las gente y sus recursos ecológicos- ambientales.
Aquí tenemos otra razón de la imperiosa necesidad de acabar con el régimen colonial. Solo los poderes políticos soberanos bajo la independencia nos daría la posibilidad de implementar la visión ecológica-ambiental que corresponda a la creación de una nación, ambientalmente, ecológicamente saludable, donde cada boricua pueda gozar de la riqueza diversa ecológica ambiental que este archipiélago tiene. Hay que sacar a los invasores-colonizadores ambientales que le han servido de agentes a las políticas de explotación económica extractivista de los Estados Unidos, que nos niegan la posibilidad de tener una vida digna y ambientalmente-ecológicamente saludable.
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