
Por Bautista Pérez
El sábado 28 de febrero, el régimen de Estados Unidos y el régimen sionista de Israel agredieron y atacaron al estado de Irán. Sus primeros objetivos, el asesinato de un líder religioso y una escuela de niñas. Con el líder religioso de 86 años, murió su esposa, hija, yerno y dos nietas. No estaba en un búnker escondido sino en su casa, su residencia, en medio de la ciudad de Terán. La escuela atacada fue en una provincia del interior del país, aquí las bombas criminales asesinaron 168 niñas. Así empezó esta guerra de agresión ilegal.
Apenas dos horas después de que empezara el ataque, salió el «presidente Naranja» —ya saben de quién hablamos, ese personaje de historial turbio y mentiras largas— el mismo que llegó a Puerto Rico a tirarnos papeles. ¿Dijo que Irán los había atacado? No. ¿Dijo que había una amenaza inminente? Tampoco. Simplemente soltó que Irán era un «peligro» para EE. UU. Porque sí, porque él lo dice y punto.
En ese momento, todo ese cuento del Derecho Internacional que venden en los libros de texto se fue pal carajo. Lo que quedó claro es que hemos vuelto a la ley de la selva: o doblas la rodilla ante el más fuerte, te sometes o te borran del mapa. Y ojo, que no fueron solos. Junto con los sionistas de Israel, se unieron los países vecinos, dirigidos por jeques, sultanes y familias, países sin democracia, sin elecciones, sin derechos, prestando su territorio para agredir a Irán.
Y claro, si te golpean, si te agreden, lo normal es que te defiendas. Y aquí es donde a los gringos se les ha torcido el plan. En apenas cinco días, Irán ha demostrado que no es fácil. Han barrido las bases estadounidenses de la región, ubicados en los países cómplices y han mandado a la marina gringa a refugiarse bien lejos, al Océano Índico.
Además, les han tocado el bolsillo y el suministro de petróleo: el estrecho de Ormuz está cerrado. Sin petróleo para Europa ni para Estados Unidos. Mientras Irán se defiende golpeando objetivos militares, los Estados Unidos e Israel siguen lo suyo: el genocidio, atacando hospitales, centros de ayuda y más escuelas. Es la política de la mafia aplicada a la guerra.
Son tiempos peligrosos para toda la humanidad, mientras los iraníes se defiende en una lucha que les va la vida, el régimen estadounidense escala la violencia e intenta imponer un nuevo orden, el orden del más fuerte, el de la violencia, la mafia como política.
Aquí no se trata de si te cae bien Irán o no. Lo que está en juego es algo mucho más importante. Por un lado, tenemos a Irán defendiendo su soberanía y lo que queda de las leyes internacionales. Por el otro, tenemos a la barbarie pura y dura de Estados Unidos y los sionistas, donde la violencia es la única diplomacia que entienden. Son tiempos oscuros, y si permitimos que gane el que más grita y más mata, todos estamos en peligro.
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