
Por Edwin Hernández Feijoó
En las colonias los problemas vuelven a repetirse con cierta regularidad. Problemas que las personas pueden creer han sido superados vuelven a levantar cabeza y ser tema de discusión.
Uno de esos problemas cíclicos es el tema de la militarización y el uso de nuestro territorio para la agresión de otros países. La militarización vuelve a ser tema, con la amenaza del gobierno de Estados Unidos de usarnos como plataforma para agredir a Venezuela. Muchos creían que con la salida del gobierno americano de Vieques, el fin del bombardeo, la salida de Roosevelt Roads se habría terminado el militarismo. Pero el militarismo de Puerto Rico no nació con Vieques o Roosevelt Roads. Empezó mucho antes.
El 12 de mayo de 1898, la armada americana bombardeó a la Ciudad de San Juan, matando civiles y destruyendo parte de la ciudad. Sin aviso, sin razón, como parte de la expansión imperialista de Estados Unidos en el Caribe. El 25 de julio de 1898, invadió ilegalmente y ocupó nuestro territorio. Ocupación que continúa hasta el día de hoy. Con este acto de violencia todavía ocupan nuestro país. Ese es el comienzo de la militarización en Puerto Rico. No es reciente, comienza en 1898.
Actualmente, tienen Campamento Santiago, Fort Buchanan, Fort Allen, Base Muñiz, Base Coast Guard, además de otras áreas que llaman de reservas.
Y contra esa militarización los puertorriqueños nos hemos opuesto, hemos librado batallas para salir de esa imposición y de la violencia que conlleva. Se ha luchado en Culebra, Vieques, Fort Allen donde pretendieron hacer un campo de concentración en contra de nuestros hermanos haitianos. Ha sido una lucha larga y difícil, con victorias y derrotas, pero continúa de parte del pueblo puertorriqueño.
Las razones para oponerse al militarismo han sido diversas. Algunas personas lo hacen desde su perspectiva cristiana, otros desde una perspectiva ética y moral de rechazar la violencia, otros desde la llamada paz, otros desde la perspectiva política anti imperialista, porque ningún país debe imponer sus políticas violentas a otro país. Todas esa visiones están correctas en oponerse y rechazar la militarización.
La pregunta importante es cómo podemos detenerlo para una vez y para siempre, para que no vuelva a levantar cabeza y perjudicarnos más. Algunos creen que lo pueden hacer tratando de convencer a Estados Unidos, apelando que descontinué estas acciones, desde una exhortación a la moral y decencia. Los que hacen esto, y es noble su intención, es olvidar un pequeño detalle, que Estados Unidos desde su fundación ha sido un estado guerrerista y violento. Han llevado a cabo cerca de 400 intervenciones militares a través de todo el mundo. Esa es su historia desde el 1776 hasta el presente, no van a cambiar su naturaleza por apelaciones a la razón o su sentido ético y moral.
Entonces, qué nos queda, qué remedio tenemos, la solución es sencilla y a su vez complicada. La solución es la Independencia, es la única que le daría a los puertorriqueños poderes para tomar sus propias decisiones, para establecer leyes prohibiendo el militarismo para siempre. La parte compleja es lo insidioso que es la mentalidad colonial al que han sometido a nuestro pueblo. Es tan fuerte este efecto, que a algunos puertorriqueños se les hace difícil aceptar una solución tan sencilla y efectiva como la independencia.
Sin embargo, a pesar de las trabas que intenta ponernos el colonialismo los boricuas hemos demostrado que tenemos la capacidad de superarlas. Lo hicimos en la lucha contra las minas, Vieques, gasoducto, cuando María (que nos dejaron solos) y lo haremos con esta nueva escalada del militarismo.
En esta nueva lucha en contra del militarismo nos corresponde a todos los sectores, los frentes amplios como Madres contra la Guerra (que hacen un gran trabajo), la sociedad civil, organizaciones y colectivos políticos, todos y todas desde la diversidad y amplitud luchar contra el militarismo, luchar por la descolonización e independencia. Adelante.
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