Por Reynaldo Morales

No son de fiar porque se les fue la mano. Los grandes medios de comunicación,
nacionales unos e internacionales otros, ejercen un gran control sobre la información
que vemos, leemos o escuchamos. No es que hayan perdido su prestigio o poder por
completo, pero si ya empieza a desmerecer la cubierta de teflón que evita que nada se
les pegue. Por ejemplo, la victoria de Trump causó un sismo comunicacional entre las
principales cadenas de televisión estadounidense y produjo cambios inmediatos en
programación y de personajes anclas que hasta hoy siguen revolviendo enfoques y
alternativas.
No es que se vayan a reformar o abandonar viejos hábitos de maquillar o promover
noticias falsas. Muchas personas todavía piensan que ellos son incapaces de mentir o
manipular noticias. Que en todo caso son víctimas de personajes motivados o políticos
inescrupulosos. Pero son cada vez menos los que sintonizan o siguen estos medios y
cada vez más les cuesta mantener su imagen de ser líderes en la comunicación.
Pierden eso que ellos mismos llaman credibilidad. Son incapaces de recapacitar y
hasta cuando tratan de explicar porque exageran o encubren o escandalizan sin razón,
dicen que lo hacen por culpa de la competencia en las encuestas o porque eso vende o
peor aún, que eso es lo que su público quiere. Pero su mejor excusa es que las redes
han cambiado el panorama, pero no les quitan su lugar en el paisaje.
Hay buenos indicios que justifican esa pérdida como el alto grado de hipocresía y su
desprecio por la verdad además de la creencia de que a sus seguidores no les importa y
hasta les gusta que mientan si eso protege las instituciones o personas en las que
creen o le tienen lealtad. Tal vez sea cierto que muchos tardan demasiado en ver la
escritura en la pared. Tan es así que muchos actores sociales o políticos creen que no
deben ir contra esas creencias que muchos seguidores de los medios pueden más o
menos tener y/o compartir. De ahí que algunos de ellos sean tan decepcionantes y
otros puede que hasta los justifiquen. Por eso existen expresiones como esa de que
“eso que tú dices es verdad, pero la gente no lo ve así”. Todos conocemos frases más
o menos parecidas y eso es un síntoma del problema, pero a su vez es prueba de lo
que digo.
Tomen por ejemplo eso que se debate en estos días sobre lo que se ha dado en llamar
la injerencia del Señor Elon Musk en los asuntos políticos de Canadá, Alemania y Gran
Bretaña (tiene otros nombres como Inglaterra o Reino Unido). Algunos hasta se
desgarran las vestiduras por semejante acción contra la democracia. Pero cuando este
caballero se involucra con atacar a Venezuela y poner su plataforma para mentir y
divulgar toda cantidad de amenazas o mentiras contra el presidente de ese país o su
gobierno, ninguno de esos medios se presta para denunciar o desmentir nada.
Otro caso es el de el Señor Zuckerberg, que sale a decir que recibió muchas presiones para
censurar, pero ahora cree en la libertad de expresión. Otro ejemplo son esas entidades tan emblemáticas de las democracias occidentales que resguardan los valores y libertades que tanto pontifican, como la Unión Europea y los lideres no electos que dictan su política como la Señora Úrsula Von der Layen, la Señora Kaja Kallas y por la NATO Mark Rupte, que piensan que está bien invadir y cambiar un gobierno de un país independiente mediante la fuerza, pero no si lo haces en Ucrania. Se ven como los malabaristas del doble discurso y quienes se prestan para legitimar esas acciones son esos grandes medios que por ejemplo hicieron desaparecer las muertes después de año nuevo en Palestina. Ya no mueren niños, mujeres y periodistas en Gaza. Los terroristas que tomaron el poder en Siria los sacan de esas listas y les quitan las recompensas y son entrevistados como revolucionarios. Los mismos que denunciaron que sus periodistas mujeres no se tenían que cubrir sus cabezas para entrevistar un líder musulmán se arroparon con paños para entrevistar al nuevo líder Sirio.
Ningún otro evento hizo más por destruir la imagen de los grandes medios como la
agresión de Israel a Palestina en este último año. En gran medida es gracias a las
redes y plataformas sociales (a pesar del esfuerzo por censurar) que se pudo mostrar
el crimen de lesa humanidad contra el pueblo palestino que los medios y sus dueños
trataron de ocultar.
Hoy en día se ve la preferencia de mostrar a China como un país agresor cuando ha
resistido todas las provocaciones. El más reciente de los fiascos mediáticos fue la
imagen del hombre lúcido y genial candidato a la reelección presidencial Joe Biden. Hubo
que esperar al desastre de un debate con el candidato Donald Trump, para que no
quedara duda de que Biden estaba en peores condiciones que el Cid en su última
batalla, que por cierto la ganó. Así el mundo descubrió que el presidente Joe Biden
estaba en un pobre estado mental desde al parecer mucho tiempo atrás. Aun así,
algunos medios dijeron que se trataba de un mal día. No conforme con ese fiasco,
trataron de vender a Kamala Harris como la candidata ideal para derrotar al Señor
Trump y ya saben que ocurrió.
No es que estas denuncias sean nuevas porque ya el gran periodista y escritor
Eduardo Galeano había hecho una gran crítica sobre los medios y las narrativas sobre
la América Latina. No fue el único y motivó a muchos otros sobre el tema.
Hoy en Puerto Rico se venden las entradas para el concierto del “Bad Bunny en varias
plazas de Puerto Rico. Algunos medios repiten la versión de la gobernadora, que no
simpatiza con el cantante, de que este no tiene tantos seguidores como otros cantantes del género.
Los primeros que regresaron esta tarde, después de una vigilia de más de 12 horas de
espera para adquirir boletos, se enteraron de que abrieron 10 funciones adicionales a
las 20 que ya estaban programadas y vendidas. El cantante que ya nadie escucha,
separó fechas para su público boricua y mantiene con los promotores hoteleros, y los
del espectáculo, suficientes funciones para 18 hoteles que quieren vender estadías.
¡Que fenómeno! Yo creo que sus seguidores son más que los partidarios de la
gobernadora y, además, muchos de sus funcionarios electorales estuvieron haciendo
fila para obtener boletos también. Hasta el Señor Alcalde se mezcló con la masa de
gente que pernoctó en la plaza de Naranjito.
¡Concho, yo debí tomar más fotos y enviarle una a la gobernadora por si los grandes
medios no lo hicieron!
Descubre más desde Movimiento Ñin Negrón
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.









