Por Reynaldo Morales

Estas palabras marcan dos instancias de importancia para entender la política exterior estadounidense. La primera en el contexto del discurso por el presidente Biden desde la oficina oval el pasado 19 de octubre de 2023, citando a Madeline Albright, manifestó que Estados Unidos es la “nación indispensable”. Y al lado del primer ministro Benjamín Netanyahu, Anthony Blinken recordó que él era judío por descendencia y por eso el entendía como se sentían los israelíes. Es de suponer que ello implica como ambas expresiones dan sentido a como se manejan los asuntos de política exterior.
El presidente Biden, hablando de como la agresión de “HAMAS” a los israelitas y de Rusia a Ucrania, le fijaba un rol a los Estados Unidos que no podían rehuir. Son palabras selectas para su discurso y ni por un instante piense usted que se le ocurrieron a él. Lo que no toma en consideración esa adjetivación del presidente es que hay implícitas unas conclusiones que hacen antipáticas esas expresiones. Resulta que se debe suponer que como país tienen la percepción de que son superiores o están por encima de otros. Esto también lo implican cuando reclaman el llamado excepcionalismo de Estados Unidos como doctrina. Dejan implícito, por el contrario, que hay países que no son indispensables. Consonó con esas palabras hace claro que ellos tienen un rol protagónico en todo asunto importante en cualquier parte del mundo.
Su retórica se manifiesta en apoyo al genocidio del gobierno de Netanyahu sobre el pueblo Palestino en Gaza y del supuesto derecho del agresor, Israel, a defenderse. Al momento de escribir estas líneas las cifras de asesinados por el bombardeo inmisericorde y criminal asciende a más de 7,000, de ellos más de 3,000 niños y más de 1700 mujeres. Aluden los criminales que eso es el resultado de utilizar civiles como escudo humano, pero como no aparecen los cadáveres de los soldados de HAMAS bajo los civiles asesinados, entonces recurren a la licencia que tienen por estar del lado de los buenos como los británicos cuando incendiaron a Dresden en Alemania o cuando los norteamericanos lanzaron sus bombas atómicas sobre Japón o como cuando se justificó por Madeline Albright la muerte de 500,000 niños en Irak. No les queda muy bien compararse con los peores y además solo han conseguido que la humanidad olvide lo que sucedió el 7 de octubre. Por eso las calles de todas las capitales del mundo se inundan con protestas contra el genocidio en Palestina.
De igual forma, el secretario de Estado estadounidense se va a Israel y se identifica como judío junto a Netanyahu para solidarizarse, no solo con el dolor de las victimas israelitas, sino para justificar los ataques contra los enclaves palestinos en Gaza. Su rol como ministro dista de ser el de ir por el medio oriente como representante de los judíos sino como el jefe diplomático (que nunca ha sido) de los Estados Unidos. Su miopía reside en su afán de jugar más para las gradas que para los intereses políticos en la zona. La soberbia le impide ver cuanto apoyo pierden y suman más amenazas a la región. No solo protegen a Israel, sino que dibujan una agresión contra Irán. Sería una apuesta a que ellos pueden golpear y nadie se atreverá a retarlos o a devolverle el golpe.
No escuchan las voces de ni siquiera sus propios expertos en asuntos militares ni cuán lejos están de ser victoriosos en tantos frentes. No les preocupa porque ya los titulares asoman señalando que va en aumento la economía gracias al gasto militar y sonríen mientras descorchan el champan. No es otro su objetivo y no importa cuán temporero sea esa bonanza si consiguen los votos de campaña necesarios para la elección presidencial.
Los nubarrones en el horizonte de Ucrania no les importan ni que se aleje China de sus objetivos militares. Si pueden entorpecer el intercambio y la guerra tecnológica para mantener su imagen de ser implacables contra los chinos se conforman. Todo esto coquetea con un coctel de estrepitosos fracasos, pero no hay “reality show” sin el suspenso porque ellos creen poder darle la vuelta a cualquier resultado adverso. Así como Israel sirve para olvidar a Ucrania, bombardear a Irán servirá para olvidar a palestina sufrida a manos de Israel.
La apuesta está en que la política exterior puede ser un guion de cine y la interrogante está en saber si el villano sabe cuáles son sus líneas. Muy guiados por su costumbre de creer que pueden ser siempre dueños de la narrativa pueden tropezar con un auditorio cada vez más reducido de espectadores. Tal parece que tanto Rusia y China pueden haber consolidado un auditorio mucho más amplio e interesante en el sur global.
Descubre más desde Movimiento Ñin Negrón
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.









