Por Carlos R. Alicea Negrón

La lucha del pueblo puertorriqueño por la descolonización e independencia ha enfrentado la imposición de un nacionalismo apolítico, impulsado por Muñoz Marín en los años 50 y 60, que fue muy efectivo de des-radicalizar la lucha contra el colonialismo.
Hábilmente, el hombre de los estadounidenses, difundía el nacionalismo cultural, el nacionalismo deportivo, para dar ejemplos, mientras por el otro lado hacía el trabajo de persecución y opresión imperial contra aquellos y aquellas que, en la radicalidad de la lucha, luchaban hacia la independencia nacional.
El “nacionalismo tuco”, era aceptable, el nacionalismo revolucionario, era el «peligro y fue combatido”, perseguido y reprimido siguiendo las órdenes del gobierno de Estados Unidos.
Más adelante en la historia de nuestra nación, surge la misma esencia, con la idea de todos contra Romero, y todos contra la estadidad, basado en el mito de que para avanzar la independencia era posible hacer alianzas que dejaban en el mismo lugar a los colonialistas del PPD. Eso resultó en el fenómeno del “melonismo”. Quién puede olvidar el ensalzamiento a Charlie Hernández, como el gran soberanista o a Churumba Cordero, para dar dos ejemplos, pero a la hora de la verdad, en el momento de la definición estos “soberanistas”, se rajaban en el altar del miedo y el colonialismo. Años después ha evolucionado en los llamados “soberanistas”, abogando por una soberanía en abstracto, soberanía que no existe, fuera de la independencia.
Peor aún, a nombre de esas alianzas se abandonan guías fundamentales de la lucha:
a. El abandono de la narrativa de que el régimen colonial impuesto a Puerto Rico por los EEUU, es uno de naturaleza internacional, de derechos humanos y en violación del Derecho Internacional, porque el colonialismo es un Crimen de Lesa Humanidad. El abandono de ese punto cardinal de la lucha ha desembocado en que sectores legitimen mecanismos dizque descolonizadores, que no cumplen con el derecho internacional y que abren la puerta a que nuestro pueblo se le haga creer que la anexión es una fórmula descolonizadora.
b. La idea de que en nombre de la “democracia”, hay que alentar y sustentar “el derecho” a la creencia de que nuestro pueblo elija ser esclavo, y apoyar y promover la estadidad-anexión. Validando la violencia con que el régimen colonial ha funcionado por 123 años sobre nuestra nación.
c. Se establece una narrativa que divorcia las necesarias luchas de reivindicaciones sociales, ambientales, económicas, contra todas formas de opresión, de la lucha por la independencia nacional y en la visión de derrocar el régimen colonial sobre nuestro pueblo. Siempre se ha erigido sobre la mentira de que el pueblo le tiene miedo a la independencia.
Si bien es cierto que esas expresiones nacionalistas son importantes y necesarias, no son suficientes en el proceso de la lucha por alcanzar la Independencia Nacional.
En una colonia ese nacionalismo, en todas sus funciones, en todas sus dimensiones, tiene que ser enseñado e integrado en su dimensión política-liberadora, en función de que avancen y apoyen la independencia nacional.
La función de los que ya creemos y entendemos que la Independencia Nacional es avanzar, el ir a la raíz de esa lucha, en todos esos frentes empujando y modelando la creación de una nación independiente, montada en los principios de la justicia social. Y solo moviendo a nuestra gente hasta alcanzar una masa crítica que crea en la independencia, única salida a la colonia, es que podremos avanzar y alcanzar e implementar la misma. Solo los poderes políticos desde la Independencia, nos permitirán la construcción de una nación justa y digna para todas y todos los Boricuas.
Que viva Puerto Rico Libre Socialista.
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