Todos afuera

Por Reynaldo Morales

Recientemente leí un artículo escrito por el ministro de Relaciones Exteriores de Rusia, Sergey Lavrov y publicado en la revista Rusia In Global Affairs Journal’ de 06/28/2021, titulado THE LAW, THE RIGHTS AND THE RULES. El escrito pretende darnos una idea de cómo ve el gobierno ruso, y en particular el ministro Lavrov, los resultados de las conversaciones de Washington con el gobierno de Rusia. Además, examinó la reunión del G7 en Cornwall, Inglaterra y los líderes en Bruselas durante este verano. Eran eventos muy esperados por todos, pero poco comprendidos al final del día por la vaguedad de los pronunciamientos de los participantes. Se requiere experiencia y sabiduría en materia geopolítica, así como en diplomacia, para comprender y además de explicar estos asuntos. En ambas destrezas el ministro Lavrov goza de amplio reconocimiento en la comunidad internacional.

Su artículo recoge primero los resultados de las recientes conversaciones de los presidentes Putin y Biden. Destaca que hubo acuerdo para llegar a tener conversaciones sustantivas en materias de estabilidad estratégica. La premisa para ambos oponentes es que están de acuerdo en lo inaceptable de una guerra nuclear. Los subtemas de las conversaciones fueron sobre ciberseguridad, normalización de las relaciones diplomáticas, la suerte de presos rusos y norteamericanos y finalmente los conflictos regionales. Destacó que, para el líder ruso, Putin, era indispensable la paridad en cualquier asunto y el único modo para llegar un acuerdo sobre el balance de intereses. La contraparte norteamericana no objetó el reclamo.

No obstante, al final de la cumbre los norteamericanos regresaron a la prensa para volver sobre las mismas amenazas que precedieron a las conversaciones y con el mismo tono fanfarrón. Nos recuerda también el ministro Lavrov que ya se había preparado un coro en la cumbre del G7 en los días anteriores a las conversaciones entre Putin y Biden. De esas reuniones, destaca el ministro Lavrov, los pronunciamientos sobre el anuncio del “nuevo orden mundial basado en reglas”. Reglas como si se tratara de inventar la rueda en las relaciones internacionales, y como bien destaca el ministro, en contraposición a los principios universalmente reconocidos del derecho internacional y cuyo principal propósito es reemplazar al Consejo De Seguridad de la ONU. No les gusta que Rusia y China tengan poder de veto. Dos aspectos que resaltan de esta propuesta de las potencias occidentales son; primero, el hecho de que serán los países miembros de la OTAN los que tomen decisiones sobre las amenazas a este nuevo orden así como cuáles son las democracias que respetan los derechos humanos y segundo, que son ellos los únicos que, aparentemente, conocen que dicen las susodichas reglas y saben cómo respetar los derechos humanos.

Ya han proclamado quienes son los culpables de la amenaza al nuevo orden mundial; China y Rusia, porque ambos pecan de autoritarismo, lo cual no es noticia. Los delitos de China son una promoción demasiado enérgica de sus intereses económicos, poniendo como ejemplo la iniciativa Una franja – una ruta (Belt and Road Iniciative), el incremento de su poderío tecnológico y militar con tal de potenciar sus influencias”. A Rusia se le acusa de ser demasiado agresiva. A ello súmele la lista de acusaciones sin evidencia de agresiones a los derechos humanos contra parte de sus respectivas poblaciones. Por eso además de crear las “reglas” se abroga el derecho de poder intervenir en los asuntos internos de otros países y así imponer las reglas sin democracia alguna. En el nuevo orden ellos se auto designan jueces y parte en lo que concierne a los asuntos de violaciones al nuevo orden y sus reglas.

Señala el ministro Lavrov, que como parte de esa política del nuevo orden se pretende desconocer y olvidar los pronunciamientos de la concesión de la independencia a los pueblos coloniales aprobados en 1960 en la ONU. Aun así los alemanes completarán el Nordstream 2 y con ello los del G7 se propinan un autogol para Rusia.

De este modo, queda expuesta la controversia de si se va a seguir reconociendo las normas establecidas del Derecho Internacional Público o se le permitirá a Estados Unidos, y sus socios europeos, dictar las reglas del “nuevo orden mundial”. Así se resume el nuevo lema norteamericano de “America is back”. Las potencias imperiales quieren revivir los años de gloria de cuando se repartían el mundo para llevarles sus “modernas instituciones” económicas, políticas y sociales con el sano propósito (perdonen la ironía) de civilizar y educar los pueblos que aún vivían en su “infancia” (así le llamaba Kant). Vuelven a asumir la pesada carga del hombre blanco (the White man’s Burden). 

Por eso, cuando veo en Puerto Rico que se nos invita a respaldar un proyecto de autodeterminación dictado por el congreso norteamericano; ¿me preguntó si todos nosotros estamos claros de que está en juego? Los norteamericanos no ignoran que existe el derecho internacional en estos asuntos de descolonización y autodeterminación ya sea por casualidad o desconocimiento. La respuesta es obvia, no van a reconocer el derecho a nuestra independencia y menos que desde allí decidamos nuestro futuro. Porque, según el derecho internacional, es desde la independencia que se puede verdaderamente negociar cualquier alternativa de estatus.

No nos deben quedar dudas, para los norteamericanos la adquisición de Puerto Rico por la fuerza fue con propósitos imperiales para aumentar sus dominios en competencia con las potencias imperiales europeas. Porque ya desde la forja de su constitución se preveía la adquisición de nuevos territorios y en eso la nueva república imitaba a la monarquía inglesa y demás coronas imperiales de Europa. En no pocas ocasiones se refieren a nosotros como “el pueblo de Puerto Rico” porque no era su intención hacernos parte y así ha quedado en sus leyes y en su jurisprudencia; “que pertenecemos a” y “no somos parte de» los Estados Unidos (no importa lo que digan otros fotutos sin autoridad para dictar la norma). Queda claro que somos ciudadanos de Puerto Rico con una seudo ciudadanía estadounidense (no hay tal cosa como ciudadano americano en nuestro idioma, el español) que, hasta el día de hoy, limita los derechos que se pueden disfrutar de esa constitución por vivir aquí, en la colonia. Deben saber que la palabra colonia designa un delito bajo el derecho internacional que viola los derechos humanos fundamentales y por eso no se utiliza y niegan que Puerto Rico sea colonia. 

Bien sabe el gobierno norteamericano que si desean alterar esas relaciones con la colonia (el territorio) lo mejor para sus intereses es hacerlo mediante una ley congresional. Aquí volvemos a los títulos. Ellos en lugar DE ESCOGER UN TITULO AL PRINCIPIO, lo harán al final. No importa cual sea el resultado en la selección de la fórmula de estatus por los puertorriqueños, ellos le van a dar lo mismo en el contenido, pero con diferente collar o título. Dos cosas tendrán en común, para cualquiera de las fórmulas así seleccionadas; primero, condiciones (las que surjan de la “negociación con el congreso”) de cómo será aceptada y segundo, un periodo, incierto de transición, porque nada es de la noche a la mañana. Eso quiere decir que tendrá otro nombre la colonia hasta que llegue a su próximo destino con las condiciones anticipadas. Cuánto durará eso, si como dicen ellos, ningún congreso puede amarrar a otro congreso a determinadas acciones. En pocas palabras, otra ley congresional y se acabó.

En cambio, desde el derecho internacional EL TÍTULO YA LO TIENE, es la independencia y el derecho a la autodeterminación como pueblo libre. Sin cortapisas, con las reglas claras y la certeza de lo que tendremos al final del proceso. Sí, el derecho internacional reconoce la integración y los tratados de libre asociación a los pueblos libres e independientes como un acto soberano. Desde ahí se puede negociar en igualdad de condiciones.

Yo como independentista no veo como asociarme ni mucho menos integrarme con quien me niega mi derecho a la autodeterminación e independencia. Yo no quiero estar dentro de ese proceso e invito a todos los puertorriqueños a mantenernos fuera de ese proyecto congresional espurreo de Aníbal y sus socios. Si los que prefieren esas alternativas lo dicen, o hacen, por conveniencias económicas pues les aseguro que no van a cambiar mucho las condiciones presentes. Seguirá siendo la jurisdicción más deprimida económicamente del imperio porque el juego está arreglado (the game is rigged). Tendrán LA PROMESA, de que seguirán sin opciones de desarrollo, con políticas de despojo y endeudamiento, además de imposiciones unilaterales por parte del Congreso. En cambio, la independencia abre puertas a muchas alternativas y lo mejor es que somos nosotros quienes negociaremos y los que elegiremos esas opciones de oportunidad económica pensando en nuestro propio provecho.

La colonia sólo desaparece con la independencia. Patria libre y socialista, Viviremos y venceremos.


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